especie se encuentra en la parte alta del Amazonas, al este de Perú, incluyendo el drenaje de por lo menos ocho ríos (Napo, Tigre, Marañón, Ucayali, Samiria, Pacaya, Huallaga y Purus) y en algunas lagunas de aguas negras.
El manati presenta una coloración gris-marrón, son de natación lenta presenta grandes labios móviles con cerdas rígidas. El cuerpo de este animal es más o menos cilíndrico y más fusiforme que en las otras especies de manatíes. Esto se debe probablemente a que tiene un número menor de costillas y una cavidad torácica pequeña. Sólo tienen aletas pectorales, ya que los miembros posteriores han desaparecido, dejando un vestigio de pelvis. La cabeza es grande con ojos pequeños y diminutas aberturas en los oídos. En la parte superior de la cabeza hay un par de fosas nasales provistas de válvulas.
La textura de la piel es igualmente diferente en ésta especie; es más suave y regular, con apariencia de goma. Los recién nacidos presentan una piel rugosa, que van cambiando rápidamente después de unas dos semanas. La mayoría de los manatíes en el Amazonas, tienen una mancha bien conspicua en la región ventral de color pálido o rosado. Generalmente está centrada en el pecho o el abdomen, pero puede extenderse hacia la región gular o hacia la cola. Algunos individuos son de un color gris o negro uniforme, sin presentar manchas ventrales.
Talvez una de las características diagnósticas de esta especie, es la ausencia de uñas en las aletas pectorales. La dentadura de los adultos presenta de siete a ocho dientes, los cuales son continuamente reemplazados horizontalmente a través de toda la vida del animal.
Los manatís de la Amazonia, Trichechus inunguis, por lo general son cazados y cogidos con trampas en los lagos y riachuelos de aguas negras dentro y cerca de la Reserva Nacional Pacaya-Samiria en el noreste del Perú. Mucha de la explotación de manatís en esta región está subordinada a la captura del paiche, Arapaima gigas. Los manatís también se cazan o se toman accidentalmente con los aperejos de pesca en otras zonas del Perú. Aunque el estatus de conservación del manatí es incierto, no hay duda de que su área de expansión ha disminuido y que su número ha declinado en una medida bastante considerable. Aunque la especie ha sido protegida legalmente desde 1973, la explotación para consumo local de carne ha continuado sin restricciones prácticas. Si las actividades humanas no se manejan para reducir su impacto sobre los manatís, estos valiosos animales serán extirpados de su terrenos en un porcentaje cada vez mayor.
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